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martes, 10 de noviembre de 2009

La conversión Parte I

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4 comentarios:

  1. Muy linda reflexión. Tal parece que últimamente Dios se ha empeñado en hacerme ver y recordar que no debo condenar a aquellos que "aparentemente" tienen pecados graves. Ese no es mi trabajo. Y por medio de su reflexión Sor Cecilia, una vez más me invita a orar más que a criticar; a perdonar más que a condenar.
    Gracias por ser el instrumento que me hace meditar nuevamente en este error tan acuzado en la actualidad.
    Espero con ansias la Segunda parte.
    Saludos desde México.

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  2. Gracias a su meditación puedo entender un poco más esa maravillosa relación que tenemos con Dios, al tiempo de la conversión.
    Nos convierte el Amor, nos transforma, nos renueva, nos da una Vida Nueva.
    No es un acto unipersonal, es un encuentro real y amoroso con Cristo.
    Nos conmueve su amor en lo más profundo del Ser, porque en ese instante nos hace sentir su presencia de un modo inequívoco, colmándonos de lo que más necesitamos.
    Que en todos nuestros días hayan motivos para ese encuentro amoroso con Cristo, para que nos convirtamos en sus testigos fieles, aprendiendo a amar como El nos ama.

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  3. Benvolguda Ceci:
    Cómo no identificarme con el comentario de Tere. Cómo no sentirme compunjido cundo pineso lo fácil que condeno a violadores, terroristas, torturadores... personas juzgadas y condenadas por los hombres... por mí
    ¿Pero sabes lo que me deja helado cuando caigo en ello?
    Que esa persona instrumentalizada por los "buenos" para tentar a Jesús; que esa puta juzgada y condenada por los hombres; esa puta... puedo ser yo. Sin duda, yo también lo soy
    Y lo que más me inquieta es preguntarme si aprovecharía la ocasión de ver alejarse a mis acusadores para huir yo a mi vez (esperando que con suerte no me volvieran a pillar ejerciendo de puta) o sería un "hombre" y esperaría la sentencia del único quepuede hacerlo
    Tendría tanta necesidad de perdón, más aun, de sentirme querido para esperar una palabra de El... aunque fuese de reprovación

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  4. La emoción me llena el pecho. Creo que con esto digo todo.
    Un fuerte abrazo Sor Cecilia

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